Todas ellas han contribuido y contribuyen al aumento de los casos de autismo, trastorno específico del aprendizaje, trastorno del déficit de atención…
El aluminio, el mercurio, el escualeno y otros contaminantes que se han añadido a las vacunas son equivalentes a los virus y las bacterias que causan daño y perjuicios a los tejidos humanos.
El hecho de que (sustancias químicas letales) sean necesarias en la formulación de una vacuna demuestra que este es un producto tóxico, inestable y poco fiable, con o sin su presencia.
¿Qué tiene que ver el aluminio, el mercurio o cualquier otra sustancia química letal usada en las vacunas con la prevención de las enfermedades en los niños?
Son sustancias extrañas a la fisiología humana que induce respuestas inmunológicas y electrostáticas que alteran el flujo sanguíneo, lo que puede conducir a daños directos en los tejidos.
Las reacciones provocadas por las vacunas comienzan a producirse a los pocos minutos de recibirse, aunque sus consecuencias en forma de síntomas o enfermedades pueden llegar a aparecer mucho más tarde.
Y lo malo es que se verán más afectados quienes hayan recibido más vacunas, porque los daños son acumulativos se suman con cada vacuna.
Se produce una pérdida de la capacidad del organismo para mantener el grado de fluidez de la sangre que transporta el oxígeno, la glucosa, los nutrientes y las células reparadoras porque cuando su electrodinámica es modificada por metales pesados, bacterias infecciosas, vacunas y otros tóxicos no puede atravesar los vasos pequeños. Las vacunas pueden terminar provocando estrechamientos microscópicos de los vasos sanguíneos tanto en el cerebro como el resto del cuerpo, bien de forma inmediata o diferida.
Estos daños son todos ictus isquémicos (sufrimiento celular causado por la falta total o parcial de riesgo sanguíneo), mini accidentes vasculares que están por debajo de la resolución de nuestras neuroimágenes.
Si esos daños son en la niñez afectan el desarrollo neuronal y aparece los síntomas de autismo: pérdida del contacto visual, perdida del lenguaje, aparición de manierismos, conductas auto estimuladoras, autoagresivas, otros. Pero cuando es en la adolescencia o adulto, lo que aparece es un conjunto de síntomas diferentes. Además, los virus contenidos en ellas produce reacciones autoinmunes, específicamente reacciones a ciertas proteínas del tejido nervioso. Las células neuronales están protegidas por una capa de ácidos grasos llamada mielina, un ejemplo análogo de esto sería la cubierta de plástico que cubre los cables eléctricos y los aíslan. Esto mismo hace la mielina y cuando esta se pierde, los estragos que provoca en el organismo son innegables. Esta pérdida de mielina ocurre cuando nuestros propios anticuerpos las desconocen, destruyéndola.
Esto puede explicar el daño que se puede presentar por estas vacunas, no solo por el mercurio, aluminio, escualeno, sino por el virus en sí mismo. Estos pequeños nacen con un sistema inmunológico deficiente, el cual necesitará más bien fortalecerse y madurar, pero antes de que esto ocurra, la infección empiezan a aparecer y con los antibióticos que se le administran disminuye la flora bacteriana normal que compite con los hongos en el intestino, y para mantener el equilibrio de la microbiota (flora intestinal) estos hongos debilitarán aún más un sistema inmunológico que lo menos que necesita es una agresión tan fuerte como lo es una vacuna múltiple.
