Las fases patobiológicas de la enfermedad son seis:
Fase de excreción (salud)
Fase de inflamación (trastorno del bienestar)
Fase de deposición (Enfermedad aguda)
Fase de impregnación (Enfermedad crónica)
Fase de degeneración (Enfermedad degenerativa)
Fase de desdiferenciación (Neoplasia)
El organismo expulsa las homotoxinas a través de las vías fisiológicas (fase de excreción) o mediante reacciones patológicas como el pus (fase de inflamación) o las deposita (fase de deposición)
- Fase de excreción (Salud)
Se puede definir como el esfuerzo del organismo por desembarazarse de una noxa mediante el incremento de los procesos de eliminación y drenaje de los emuntorios fisiológicos.
Los mecanismo implicados en este proceso son: la sudoración, la diarrea, el vomito, la tos, el catarro nasal, sudoración de la piel, el aumento en la producción de mucosidades, aumento del lagrimeo, así como de las secreciones de la billis y la orina. No puede considerarse una enfermedad en sí.
Equivale al esfuerzo del organismo para eliminar más intensamente las homotoxinas acumuladas. Por ejemplo :
Una diarrea producida para eliminar sustancias tóxicas que han podido ingresar mediante una alimentación inadecuada. Si en esta fase utilizamos una terapia de tipo supresivo (que elimine la diarrea) acabaríamos con el síntoma, pero continuaría la acumulación de toxinas en el interior.
2. Fase de inflamación (Trastorno del Bienestar)
Si el organismo no puede eliminar por sus propias vías las homotoxinas, se intensifican las reacciones defensivas, apareciendo reacciones inflamatorias (combustión de toxinas). Recordemos que el término inflamación quiere decir quemar. La inflamación es como una “digestión parenteral” (que en modo alguno no debe reprimirse o impedirse). Tras la combustión se incrementa el proceso de eliminación y drenaje, a través de las vías fisiológicas excretoras. De nuevo, si eliminamos esta fase mediante métodos de supresión (la inflamación), estaríamos atentando contra el proceso fisiológico defensivo.
3. Fase de deposición (Enfermedad Aguda)
Si las dos fases anteriores resultan insuficientes, aparece la fase de formación de depósitos de toxinas en un intento defensivo para que no se distribuyan por el resto del cuerpo afectando a cualquier otro órgano. Es la consecuencia del fracaso de los mecanismos de excreción e inflamación. La noxa exógena o extraña al organismo ya no puede seguir siendo eliminada por el cuerpo, quedando, por tanto, depositada en los tejidos (deponer, depositar, almacenar), instaurándose un equilibrio lábil entre acción nociva y proceso de defensa. La localización principal del conflicto entre tejido y depósito es la matriz extracelular.
Durante las fases 1 a 3 (Excreción, Inflamación y Deposición), el organismo hace frente a las homotoxinas eliminándolas, neutralizándolas o depositándolas, sin resultar lesionado sus órganos o células. Tenemos que tener claro que para que se cumplan estas fases también es importante subsanar las carencias y/o deficiencias de nutrientes que se presentan, así como eliminar los excesos de los mismos.
Aportándole nutrientes de alta calidad, los mecanismos de desintoxicación funcionarán correctamente.
En estas fases las enzimas permanecen intactas y se constata una tendencia hacia la autocuración, de modo que el pronóstico es favorable.
Las tres fases antes descritas se denominan fases humorales de la enfermedad y el trastorno producido por las homotoxinas es únicamente funcional.
Sin embargo, si el organismo se encuentra con homotoxinas de gran nocividad o si no hay un óptimo aprovisionamiento de nutrientes de alta calidad, las fases 1 a 3 (excreción, inflamación y deposición) biológicamente necesarias en las defensas resultan inhibidas, alteradas en su curso normal, se frena todo el proceso de desintoxicación y de expulsión, y estas homotoxinas llegan a lesionar estructuras intracelulares en uno o varios tejidos embrionarios.
Su actividad bloquea procesos enzimáticos, resultando de ello la fase de impregnación (que se caracteriza por la entrada de homotoxinas en el interior de la célula).
4. Fase de impregnación.
Supone el paso de las homotoxinas al interior de las células. Con el ingreso de las sustancias tóxicas al interior de las células, comienza a alterarse todo el funcionamiento y el metabolismo celular, dando origen a las fases realmente tóxicas. El tránsito hacia la célula queda entorpecido o incluso bloqueado por la sobrecarga funcional y la sobrecarga material. La célula queda, de este modo, más o menos aislada del intercambio metabólico con el espacio extracelular, se acumula los productos intermedios y se producen fenómenos de acumulación.
Estas homotoxinas que han logrado su ingreso a nivel intracelular pueden permanecer latentes, silenciosas, representando un “locus minoris resistentiae”. Ante nuevas retoxicaciones se desarrolla la fase de degeneración caracterizada por la destrucción de estructuras intracelulares (enzimas, genes).
5. Fase de degeneración
Suele ser consecuencia de un daño prologado, cuyas repercusiones son el deterioro funcional y las modificaciones estructurales. En esta fase, el lugar del proceso patológico se desplaza por completo de la matriz extracelular al interior de la propia célula.
6. Fase de desdiferenciación
Desdiferenciación significa pérdida de la especialidad de la célula, a raíz de la cual está abandonada la función que le es propia, a favor de otras formas celulares indiferenciadas y no especializadas.
Durante la fase 4 a 6 (Impregnación, degeneración y desdiferenciación) que se denomina fase celular de la enfermedad se afectan las enzimas y la estructura celular. Aparece una tendencia hacia la agravación y el pronóstico es menos favorable. El organismo sucumbe paulatinamente ante el efecto nocivo de las toxinas. Y aun así, trata de preservar la vida de la mejor forma posible. Pero tenemos que tener claro que nuestro cuerpo se está regenerando constantemente, si le aportamos los nutrientes necesarios se activarán los mecanismos de desintoxicación y las células nuevas que se están formando serán células sanas y podrán desplazar a las células dañadas o a las que están en proceso de envejecimiento.
Vicariación: No es más que el proceso evolutivo de una enfermedad.
Vicariación progresiva: Cuando en una de las fases no se ha conseguido neutralizar el efecto de las homotoxinas y/o no se ha subsanado la carencia o deficiencia de nutrientes, es frecuente que la enfermedad avance hacia otra fase.
Según se avanza de izquierda a derecha en las fases de la enfermedad, esta se hace más peligrosa.
Vicariación regresiva: Por el contrario, el desplazamiento de derecha a izquierda en las fases de la enfermedad significa una evolución benigna y favorable que tiende hacia una curación más sencilla.
Si el diagnóstico y tratamiento de niño es precoz, es decir, si los niveles de toxinas no son altos y si se encuentra en la fase patobiológica de la enfermedad 1 a 3 (excreción, inflamación y deposición) donde no resultan lesionados los órganos ni las células y las enzimas permanecen intactas, el pronóstico es favorable.
Mientras que si el diagnóstico y tratamiento del niño se hace tardíamente, donde los niveles de toxinas son altos y se encuentran en la fase patobiológica 4 a 6 (impregnación, degeneración y desdiferenciación) donde están afectadas las enzimas y la estructura celular y el organismo sucumbe paulatinamente ante el efecto nocivo de las toxinas y aparece una tendencia hacia la agravación, el pronóstico es menos favorable.
La diferencia entre hacer el diagnóstico en la fase patobiológica 1 a 3 (excreción, inflamación, deposición) y en la fase patobiológica 4 a 6 (impregnación, degeneración y desdiferenciación) es el tiempo que nos tardamos para tratar de lograr la curación.
En la fase patobiológica 1 a 3 es más rápido y en la fase 4 a 6 es más lento.
Los tratamientos deben estar dirigidos a producir el desplazamiento de la enfermedad hacia una de las primeras fases patobiológicas (vicariación regresiva) para producir una evolución benigna y favorable que tiende hacia la curación.
