La intoxicación en estos niños puede producir durante el embarazo y los primeros años de vida.
En teoría, el cuerpo debería ser capaz de eliminar las materias residuales del metabolismo, así como las materias tóxicas que se introducen en el cuerpo mediante la respiración, la comida y otros medios de contacto con el ambiente.
Desgraciadamente, nuestro estilo de vida moderna ha generado cargas extra de toxinas y esto suele hacer más difícil que el cuerpo realice sus funciones naturales eficientemente.
Para los productos tóxicos intermediarios producidos en las cadenas fisiológicas del metabolismo (peróxido, amoníaco, otros) el cuerpo humano ha desarrollado, gracias a las aportaciones evolutivas previas durante la filogénesis, mecanismos de eliminación y desintoxicación.
Pero para esa gran cantidad de cargas extras de toxinas que aumentan de forma incesante, el organismo humano carece de tiempo para adaptarse desde el punto de vista evolutivo. En consecuencia, incorporamos más toxinas de las que podemos eliminar naturalmente y esto acaba por generar un colapso tóxico.
Por todo esto, cada día hay más niños con autismo por tanta toxicidad y por falta de desintoxicarnos como se debe.
