El problema se presenta en el manejo de la enfermedad, si usamos terapias supresivas, terapias que van al efecto y no a la causa que suprime los síntomas y signos, estas harán que las toxinas en vez de eliminarse queden adentro.
La enfermedad es suprimida y hay una temporal o a veces permanente desaparición del síntoma físico doloroso o de la descarga.
Cada uno de nosotros tiene su talón de Aquiles, su sitio de menor resistencia, su puerta de salida por donde saca las toxinas. A esa puerta o a ese drenaje la medicina tradicional le pone el nombre de una enfermedad.
Cada vez que se le da un tratamiento supresivo, se cierra esa salida.
Al poco tiempo después de varias veces de cerrar y cerrar esa puerta, el cuerpo es tan sabio que busca otra puerta de salida, otra enfermedad, para poder lograr sus objetivos y así engañar al cuerpo y evadir los tratamientos que está recibiendo, y lograr que la nueva enfermedad, la nueva puerta de salida cumpla su función de mecanismo de limpieza, pero al recibir nuevamente los tratamientos supresivos, todo se repetiría: toxinas, carencia, deficiencia y/o exceso de nutrientes, enfermedad con sus síntomas y signos, nuevamente la supresión, desaparición de los síntomas y signos, persistencia de las toxinas y carencia, deficiencia y/o exceso de nutrientes y al tiempo otra enfermedad… repitiéndose esto hasta el infinito y después de varias supresiones las toxinas se profundizan y compactan tanto, pudiendo penetrar hasta el interior de las células.
Estas atacan los órganos internos de la más insidiosa manera y a la larga la no eliminación conllevan un agotamiento de los nutrientes, y al final el cuerpo pierde la capacidad de eliminar las toxinas, reparar y regenerar los órganos. Un problema agudo se convertiría en crónico o crónico degenerativo, y al final es el colapso total y la muerte.
Nadie relacionaría que esas supresiones son las causantes de esos problemas crónicos o crónicos degenerativos que se están presentando, porque paso mucho tiempo entre la aparición de estas primeras enfermedades y las lesiones definitivas.
Por eso nunca hay que utilizar terapias de tipo supresivo porque acabaríamos con los síntomas y signos, pero continuaría la acumulación de tóxicos en el interior y persistiría la deuda o exceso de nutrientes.
Todos los esfuerzos en la medicina tradicional son dirigidos hacia “tapar una buena grieta”.
Está todo bien si se da una “apariencia” de bienestar, y todo se vuelve una suma de injurias, haciendo al cuerpo un verdadero caldo de cultivo de todas clases de enfermedades, las cuales son solo suprimidas día a día y el eterno proceso de multiplicación de las enfermedades continúa.
La enfermedad local es suprimida y esto pasa a llamarse tratamiento y ustedes pagan por cada tratamiento, a través de las consiguientes enfermedades que bajo diferente y nuevos nombres aparecen, las que son solo consecuencia de esta supresión, supresión de una manifestación externa del cuerpo.
Este es el método que es reconocido como la verdad, como racional y científico método de tratamiento de la enfermedad.
La supresión es el método de tratamiento que vuelve la enfermedad hacia adentro y crea la más compleja y difícil enfermedad una detrás de otra.
Terapias no supresivas
Mientras sí usamos las terapias que van a la causa y no al efecto, que no son supresivas sino que aceleran el proceso de autolimpieza o desintoxicación sin producir efectos colaterales, se lograría la desintoxicación y la curación.
Esta es precisamente la diferencia más importante entre la medicina ortomolecular, homeopática y la alopática mientras que la alopatía, (la medicina convencional) combaten los síntomas suprimiéndolos (ejemplo, si hay dolor, lo suprime con un analgésico), es decir, ataca solo el efecto y no la causa, la medicina ortomolecular y homeopática va solo a la causa de la enfermedad, limpiando, drenando, sin hacer supresión y de esta manera sana realmente al individuo.
