¿Qué son los metales pesados?
Son elementos de mayor tamaño y peso que los nutrientes, no tienen función biológica, son considerados tóxicos y actúan como antinutrientes, es decir, interfieren con la absorción y utilización de nutrientes y favorecen a su eliminación.
Los metales pesados se unen a enzimas, previniendo que estas lleven a cabo su función de metabolizar, reparar, entre otros. Por ejemplo, el plomo se une a ciertas enzimas tejidas con facilidad, sustituyendo a los minerales del zinc, hierro, calcio, magnesio y cobre. De esta forma, los síntomas de un exceso de plomo son muy similares a los de la deficiencia de dichos minerales. Los metales pesados más característicos e investigados son el mercurio, plomo, cadmio, arsénico y aluminio.
Fuentes de contaminación
Mercurio: se encuentra en.
- Empaste de amalgama
- Vacunas
- Fungicidas
- Insecticidas
- Productos de limpieza
- Fotografías
- Pescados contaminados
- Instrumentos como (termómetros, electrodos, baterías ).
- Industria del oro
- Agentes dermoprotectores
Además, es utilizado en muchos procesos industriales y en una gran variedad de químicos comunes y en las pinturas de interior para prevenir el moho (un uso que se prohibió hace varias décadas).
Plomo: se encuentra en.
- Vegetales
- Frutas cultivadas cerca de lugares transitados por vehículos
- Minería
- Gasolina con plomo
- Pintura
- Tuberías de aguas
- Soldadura
- Cerámica barnizada.
- Tinta de periódico.
- Productos de la industria de cerámica y vidrio
- Antiácidos
Cadmio: se encuentra en.
- Cigarrillos
- Trigo
- Arroz
Tomate - Patatas
- Desechos industriales quemados
- Minería Fertilizantes altos en fosfato
- Fabricación de pilas.
Arsénico: se encuentra en:
- Insecticidas
- Desechos de la construcción que han sido quemados
- Combustión de carbón y fundiciones.
- Agua de minas
- Humo
- Moluscos
- Exposición industrial particular de componentes electrónicos.
Aluminio
- Utensilios de cocina
- Papel aluminio
- Antiácidos
- Desodorantes
- Procesos industriales queseros
- Algunas aguas potables.
El daño de los metales pesados
Los metales pesados son elementos extraños en el sistema biológico y afectan los niveles de los minerales, lo cual puede disminuir los procesos antioxidantes y desintoxicantes. Así, pues, los metales pesados pueden activar la producción de radicales libres y provocar la destrucción de la membrana celulares, como la disferenciación y proliferación.
La presencia de metales pesados en el organismo desgasta las reservas de ciertos nutrientes que son utilizados en su proceso de desintoxicación, a la vez que inhibe la entrada de minerales esenciales en las células. Por otro lado, su exposición afecta directamente los tejidos, incluido el cerebro, riñones, la medula ósea y el sistema cardiovascular, en los cuales quedan acumulados.
Los metales pesados tienen una naturaleza antagonista y una estructura bioquímica muy parecida a los minerales, que les proporciona ventaja para habilitar los espacios destinados a estos nutrientes, dejando al organismo expuesto a una desnutrición mineral.
Desintoxicación y tratamiento
Mediante la desintoxicación, el organismo elimina sustancias de desecho.
El proceso biológico de desintoxicación implica síntesis en vez de degradación. En otra palabra, si el cuerpo quiere deshacerse de ciertas moléculas, su química añadirá a estas moléculas otras nuevas (quelación), haciéndolas más grandes, pero menos tóxicas. Por ejemplo, las moléculas de selenio se unen a las de mercurio, resultando en una disminución en la toxicidad de este metal pesado.
Así pues, el selenio se le denomina agente quelador. Esta combinación hace que la molécula de desecho sea eliminada del organismo a través del hígado, y tiene dos rutas de desecho: intestino y heces vía bilis y orina, vía riñones.
El primer paso para la desintoxicación es identificar los metales pesados que causan daño en el organismo u limitar su exposición.
El siguiente paso es reducir los niveles de metales pesados con la ayuda de agentes queladores y finalmente, proteger el organismo con antioxidantes y otros nutrientes. La quelación es la clave de la desintoxicación ya que de ésta manera los metales pesados pueden ser transportados de una manera inofensiva fuera del cuerpo.
¿Cómo? Haciendo uso de quelantes para expulsarlos del cuerpo a través de la orina. La quelación es un fenómeno bioquímico que se produce continuamente en el interior de las células constituyendo uno de los mecanismos más importantes que todo organismo vivo tiene, porque el cuerpo no es capaz ni de aprovechar los metales pesados tóxicos que se introducen en el –no son metabolizables- ni de eliminarlos cuando se hallan en exceso habiendo entonces que utilizar sustancias quelantes para deshacerse de ellos porque interfieren negativamente en el correcto funcionamiento del organismo. ¿Y qué es una sustancia quelante? Pues, en lenguaje coloquial, una sustancia que “atrapa” los metales pesados del interior del organismo y le ayuda a deshacerse de ellos, principalmente a través de la orina. Operación que puede realizarse de manera relativamente rápida introduciendo –mediante goteo endovenoso- una serie de nutrientes; requiriéndose entre 20 y 30 sesiones un par de ellas a la semana- en función del grado de intoxicación. ¿Y qué logra exactamente la quelación? Ayuda a limpiar el cuerpo de radicales libres, reduce el nivel de metales pesados tóxicos -como el plomo o el mercurio entre otros, reinstaura la actividad enzimática de la pared arterial afectada por la toxicidad de algunos metales- puesto que más de 70 enzimas que actúan en ella se ven alteradas por el proceso aterosclerótico, reduce los depósitos patológicos de calcio en el interior de las arterias y otros lugares y disminuye el nivel de agresión de las plaquetas, factor importante en la formación de coágulos y trombos. En suma, desintoxica, ayuda a “desatascar” las arterias promoviendo una circulación colateral funcionalmente importante y se deshace de los metales pesados tóxicos.
Síntomas y Signos causados por toxicidad de Metales Pesados
Cadmio: Se acumula en las vías respiratorias, el hígado, los riñones, la grasa, los nervios, los pulmones y los huesos provocando dolores de cabeza, hipertensión, fatiga, dolores de huesos, dolores de músculos y lumbar, anemia, arteriosclerosis, náuseas, poco apetito, problemas de riñones asociados a perdida de minerales aminoácidos y proteínas en la orina, vómitos, vértigo, anosmia, enfisema pulmonar, caquexia, daños óseos.
Mercurio: Se suele acumular en los riñones, el cerebro y los nervios provocando fatiga crónica, depresión, falta de memoria y función cognitiva, Inestabilidad emocional, hormigueo o cosquilleo en las extremidades, disminución del tacto, oído o visión, hipersensibilidad y alergias, infecciones recurrentes (incluidas candidiasis), deficiencia de la función inmunitaria, problema cardiovasculares, anemia, lengua irritada, poco apetito, nausea, hipertensión, poco sentido del gusto u olfato, acné o piel grasa, infertilidad, esclerosis múltiple, cáncer, visibilidad periférica borrosa, temblores (temblor fino en dedos, párpados y lengua), desordenes neuromusculares, infarto de miocardio (mayor propensión), vértigo, disfunción en los neurotransmisores. Aluminio: Se acumula en los pulmones y el cerebro provocando fundamentalmente deterioro de la función mental, problema de huesos, hiperactividad, problema de comportamiento, palidez, anemia, lengua irritada, fatiga o agotamiento, poco apetito, demencia senil o Alzheimer, desorden de comportamiento y aprendizaje tales como autismo, cefaleas. Plomo: Se acumula especialmente en el cerebro, los nervios y los huesos provocando fatiga e insomnio, falta de apetito, dolores de: cabeza músculos, huesos, abdomen, falta de memoria o concentración, pérdida de coordinación, irritabilidad, gota, anemia, infecciones frecuentes, hipertensión, estreñimiento, hiperactividad, depresión, espasmos musculares, mareos, adicción a lo dulce, excesiva sudoración, neurotóxicos, provoca efectos adversos en la conducción nerviosa, disminución de la inteligencia, dolores osteomusculares, daños renales y neurológicos.
Arsénico: Se acumula en el hígado, los riñones, la piel y el sistema nervioso provocando alteraciones en la piel, eczema, dermatitis, malestar general, debilidad muscular, aumento de la salivación, cataratas, hipertensión, infecciones frecuentes, osteomalacia, vómitos, diarrea, cáncer en la piel y problemas digestivos-intestinales, alteraciones del sistema nervioso, dolencias cardiovasculares, alteraciones en la hematopoyesis y otras disfunciones.
